Los/as niños y los rituales funerarios

Por Lic. Aldana Di Costanzo - Fund. Aiken

Ancestralmente, la presencia de los niños en los rituales funerarios no era algo que llamara la atención. Los velatorios se hacían en las casas mientras los niños corrían de un lado al otro, jugaban o compartían con los adultos que estaban despidiendo al ser querido fallecido.

Actualmente este es un tema que genera muchos interrogantes en los padres y madres, a la hora de tener que decidir sobre la participación de sus hijos en el velatorio y/o entierro. Reflexionar sobre esto resulta importante para toda la comunidad, en especial para los adultos responsables de los niños y para los profesionales de la salud, quienes continuamente asesoran a familias en situaciones difíciles. Entender la importancia de la presencia de los niños durante los ritos funerarios y los aspectos a tener en cuenta al tomar la decisión de incluirlos o no, puede resultar un aporte para la tarea diaria de quien trabaja con familias en duelo.

Cuando acontece una muerte, dentro de la familia aparecen muchos interrogantes, miedos e incertidumbre sobre cómo manejarse con los niños y los rituales. Suele presentarse la duda en relación a si llevarlos a las salas velatorias, si hacerlos participar del entierro, si explicarles sobre la cremación y cómo hacerlo, etc. En muchas ocasiones es difícil para la familia poder tomar una decisión y la orientación profesional resulta clave para decidir con criterio teniendo en cuenta el contexto, las características del niño y las necesidades familiares.

Consideramos al niño cómo un sujeto activo, a quien es importante incluir, escuchar y tener en cuenta para la toma de decisiones de acuerdo a su edad; por lo tanto, resulta significativo detenerse a pensar cómo actuar en momentos donde la muerte irrumpe y los niños son parte de ese escenario.

Si bien la orientación del profesional puede ser un gran aporte, lo más importante es la decisión familiar. La seguridad y convicción por parte del adulto sobre la decisión tomada, y la participación activa del niño en esa toma de decisión ayudarán a que la vivencia, aunque dolorosa, contribuya al proceso de elaboración de la pérdida. Como en toda situación, resulta trascendente la contención, acompañamiento y sostén que reciba el niño por parte del adulto para llevar adelante lo decidido.

Muchos adultos piensan que puede ser una situación que abrume o traumatice a los niños, debido a algunas experiencias personales o a las ideas que tienen sobre la muerte y los rituales. Por eso, muchas veces prefieren que no participen de los rituales, con la idea de “amortiguar“ el impacto, imaginando que de esta manera podría disminuir el dolor de los niños por la muerte del ser querido. Ocultarles la realidad y excluirlos de las situaciones familiares, posiblemente no sea el mejor camino para transmitirles una pedagogía de la vida que incluya a la muerte como una parte inherente a todo ser viviente.

A continuación, se presentan algunas recomendaciones generales para tomar la decisión en relación a la participación de los niños en los ritos funerarios. Sumado a esto es importante recordar que existen algunos factores a tener en cuenta a la hora de decidir: edad, vínculo con el fallecido, contexto de la muerte, capacidad de sostén por parte del adulto a cargo, red familiar disponible, entre otros. Es decir, no es una regla que aplique a todas las familias y situaciones por igual.

  • El adulto debe estar seguro que es una buena opción que el niño participe del ritual (puede ser por convicción propia o por que fue asesorado por un profesional y se siente seguro con la decisión). En caso que no sea así, es preferible que el niño no asista.
  • Es importante preguntarle al niño si desea participar o no. Si decide que no, y el adulto tenía expectativas en relación a su presencia, es fundamental respetar la decisión del niño. Forzarlo a hacer algo que no quiere puede generar marcas mucho más profundas que la que puede generar el hecho de no asistir. En otros momentos de su vida podrá retomar algún ritual simbólico y/o personal que le permita elaborar las cuestiones pendientes (si es que las hubiera).
  • Si el niño muestra interés en asistir, antes de tomar la decisión final, el adulto debe explicarle con qué se encontrará en el lugar (más abajo se detalla).
  • Es fundamental que el niño vaya acompañado por un adulto muy cercano que pueda dedicarle toda la atención. Idealmente podría ser la madre o el padre, pero en caso que ellos se encuentren muy afectados por la pérdida y no puedan ser un sostén para el niño, es preferible recurrir a otro adulto cercano.

Los detalles de las siguientes explicaciones dependerán de la edad del niño. Recordar que no son recomendables explicaciones largas ni complejas. Los niños necesitan oraciones cortas con palabras sencillas y claras.

Explicaciones previas en caso de velatorios:

  • Contarle qué va a ver, cómo será la sala, que la persona fallecida estará dentro de una caja que se llama “ataúd”, si la caja va estar cerrada o abierta, que la persona estará quieta porque ya no se mueve, que ya no respira, etc. (el nivel de detalle en la explicación dependerá de la edad del niño y de la comprensión del concepto de muerte adquirida hasta ese momento).
  • Explicarle al niño que se encontrará con mucha gente expresando sus emociones de diversas maneras y todas son naturales. Algunos estarán llorando porque están triste por su muerte, otros quizás se rían porque se acuerdan de anécdotas graciosas con la persona que falleció, otros quizás estén enojados con su muerte, etc.
  • En caso que quiera acercarse donde está el ataúd, es importante que vaya acompañado por el adulto referente designado. Cuanto más pequeño sea el niño, menor será el tiempo de exposición al cuerpo en el ataúd. Tener en cuenta que es solo una despedida del cuerpo y que quizás con 30 segundo o un minuto es suficiente para tal fin.
  • Se puede ofrecer al niño que lleve un dibujo, un juguete, una carta para poner dentro o arriba del ataúd a modo de ofrenda y conexión simbólica.

Explicaciones previas a un entierro (sepultura o nicho):

  • Contarle al niño cómo será el lugar donde se realizará el entierro y contarle cuales son los distintos momentos del ritual.
  • Explicarle que es un “responso” (en caso que se realice) y el sentido que tiene para la familia ese momento.
  • Explicarle si verá una sepultura y una tumba o si es un nicho y un osario, y de que se trata cada espacio y procedimiento.
  • Si el niño es muy pequeño, explicarle que la persona fallecida ya no siente nada (sobre todo por el momento donde se tira tierra encima del ataúd, o por el hecho de que el ataúd este cerrado). Cuando los niños son pequeños, suelen pensar que las personas respiran, comen, tienen frío o calor, etc. Por lo cual les puede generar angustia o preocupación pensar que su ser querido puede sentir falta de aire, frío o que no tendrá comida.

En relación a la edad, si bien no hay una edad determinada para que los niños asistan, alguna literatura dice que alrededor de los 6 años los niños tienen la capacidad para comprender mejor la muerte y otros procesos asociados con los rituales. No obstante, si para la familia de un niño menor de 6 años es importante que asista a los rituales, puede hacerlo sin olvidar todas las recomendaciones arriba mencionadas.

Como conclusión podríamos decir que es recomendable que los niños participen en los rituales funerarios, teniendo en cuenta cada una de las ideas transmitidas en este artículo. Si surgiesen dudas en relación a la decisión, siempre puede ser un aporte importante la consulta con un profesional.

Al estar hablando de seres humanos, singularidades, historias, tramas familiares, personalidades, creencias y sobre todo personas afectadas por una muerte reciente, no podemos decir cómo es correcto o incorrecto actuar, pero si dejar estas recomendaciones de acuerdo a las necesidades, posibilidades y deseos de ese niño y esa familia. La seguridad, el cuidado y el amor son fundamentales para esta decisión.

Lic. Aldana Di Costanzo.

Psicóloga especialista en duelo.
Fundadora de Fundación Aiken.
Acompañamiento psicológico para la niñez, la adolescencia y la familia en duelo.

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