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Tipos de cáncer

Cáncer de tiroides

El cáncer de tiroides es una afección que se origina en las células de la glándula tiroides. Se clasifica en varios tipos, siendo los más comunes el carcinoma papilar y el carcinoma folicular. La detección temprana es crucial y sus tratamientos son esenciales para abordar eficazmente esta condición.

Cáncer de tiroides
Dra. María Josefina Pozzo
Dra. María Josefina Pozzo

Servicio de Endocrinología - Hospital Alemán MN: 51754

La tiroides es una glándula de secreción interna, que segrega dos hormonas (T4 o tiroxina y T3 o triyodotironina) que son fundamentales para el crecimiento y desarrollo en los/as niños/as y para el mantenimiento de la vida en gente adulta, regulando el metabolismo y controlando múltiples funciones del organismo. Para lograr un normal funcionamiento se requiere de la presencia de una glándula madre, la hipófisis, que mantiene la estructura y función de la tiroides a través de una hormona que se llama tirotrofina (TSH).

La tiroides está ubicada en la región anterior del cuello debajo del cartílago cricoides (nuez de Adán), tiene forma de mariposa, y está compuesta por un lóbulo derecho y otro izquierdo, unidos por una pequeña porción de tejido llamado istmo. Es una glándula pequeña, que pesa alrededor de 25 g, que en condiciones normales no se ve ni se palpa. Detrás de ella hay cuatro glándulas más pequeñas todavía, dos de cada lado, que se llaman paratiroides, encargadas de la regulación del calcio y fósforo a través de la secreción de una hormona llamada parathormona (PTH).

La prevalencia de cáncer de tiroides aumentó exponencialmente en todo el mundo en los últimos 30 años.

Este aumento se debe a varios factores, pero sin duda gran parte se debe al aumento de diagnósticos, como la solicitud de ecografía (ultrasonografía) en individuos sin enfermedad tiroidea, así como la aparición de imágenes nodulares incidentalmente observadas en tiroides de pacientes a quienes se realiza ecografía de vasos de cuello, tomografía computada, resonancia magnética, etc. de la región cervical. Los métodos de imágenes son más sensibles, además de accesibles, permitiendo el hallazgo de nódulos muy pequeños, la mayoría sin significación patológica.

A pesar del aumento en la incidencia, la mortalidad se ha mantenido estable. Las mujeres tienen 3 veces más probabilidad que los hombres de sufrir cáncer de tiroides. 

Tipos de cáncer de tiroides

Representan más del 90 % de los carcinomas tiroideos que se diagnostican. El más común es el carcinoma papilar de tiroides con alrededor del 80% de los casos, le sigue en frecuencia el carcinoma folicular con 10-15%.

El carcinoma papilar puede ocurrir a cualquier edad, pero su mayor frecuencia se observa entre los 20 y 50 años. Tiende a crecer muy lentamente y con frecuencia se extiende a los ganglios linfáticos del cuello. El pronóstico es excelente, aun cuando se haya extendido a los ganglios.

A diferencia de otros tumores, los carcinomas diferenciados tienen un crecimiento muy lento y una excelente expectativa de vida

El carcinoma folicular se puede extender a los ganglios linfáticos del cuello, pero esto es mucho menos común que con el cáncer papilar, pero tiene más probabilidad que el papilar de extenderse a otros órganos, particularmente los pulmones y los huesos al diseminarse por vía hemática.

Carcinoma medular

Es una variedad poco frecuente de cáncer de tiroides que representa menos del 5% del total de cánceres de tiroides.  

Es un tumor neuroendocrino que deriva de las células C que producen calcitonina, una hormona que regula los niveles de calcio en sangre. El 80% son esporádicos y se presentan entre los 50 y 60 años. En casi el 50%, presenta afectación linfática y el 5% presenta enfermedad diseminada multifocal.

Un 20% de los tumores de este tipo se presentan en familias formando parte de un síndrome hereditario que se asocia a otros tumores endocrinos (Neoplasia Endocrina Múltiple o MEN 2). En las familias afectadas existen mutaciones del gen RET. Estas mutaciones pueden buscarse en pruebas de laboratorio para identificar aquellos miembros que pueden beneficiarse de un diagnóstico temprano del cáncer de tiroides y por lo tanto de una cirugía curativa.

Carcinoma pobremente diferenciado y el anaplásico

Son muy infrecuentes (<1% de todos los casos), son muy agresivos y se producen, en general, en personas mayores.

Factores de riesgo

El factor de riesgo más relacionado con la aparición del cáncer de tiroides es haber sido  expuesto a radiación dirigida a la cabeza y el cuello durante la infancia, lo cual en la actualidad, se observa muy poco frecuentemente, ya que ha sido abandonada la práctica de irradiar algunas patologías benignas (acné, adenoides, timo).

La terapia con rayos X usada para tratar cánceres como la enfermedad de Hodgkin (cáncer de los ganglios linfáticos), o el cáncer de mama se ha asociado con un aumento del riesgo de desarrollar cáncer de tiroides si el tratamiento incluyó exposición del cuello. Situaciones de gran exposición a radiación ambiental, como sucedió en el accidente nuclear de Chernobyl en 1986 y posteriormente en Fukushima en  2011, produjeron un gran y rápido aumento de los casos de cáncer de tiroides especialmente niños y jóvenes expuestos.

No está demostrado que la exposición a rayos X diagnósticos (radiografías odontológicas, de tórax o mamografía) sean causa de cáncer de tiroides. 

Síntomas

En la mayoría de los casos, este tipo de cáncer no da síntomas. Es probable que el médico en un examen encuentre un bulto (nódulo) en la tiroides. A veces, se lo observa el/la propio/a paciente o algún familiar. Es de destacar que la mayoría de los nódulos diagnosticados son benignos.

Rara vez en algunos casos avanzados o en algunos tipos de cáncer muy poco frecuentes, que son invasivos y agresivos de inicio, pueden observarse síntomas de compresión (dificultad para respirar o tragar), o disfonía (ronquera), que es expresión de compromiso del nervio recurrente (es el que inerva las cuerdas vocales).

En general, las pruebas de laboratorio con relación a la función de la tiroides son normales.

Los carcinomas medulares (menos del 5% del total de los cánceres de tiroides), pueden tener síntomas relacionados a la secreción de calcitonina, como diarrea o crisis de enrojecimiento facial (flushing), en casos avanzados.

¿Cómo se diagnostica?

Una vez que se ha detectado un nódulo, el paso siguiente es establecer si es benigno o no.

No existe ningún análisis de sangre que ayude en ese sentido. La ecografía es un estudio de ultrasonido que permite medir el tamaño del tiroides, el número de nódulos que contiene, el tamaño de éstos y su composición, así como los ganglios adyacentes o los órganos cercanos. Orienta sobre la necesidad de realizar o no más pruebas.

Lo que da el diagnóstico más cercano es la punción aspiración con aguja fina (PAAF). Se punza el nódulo bajo control ecográfico (en general sin anestesia) y se extraen células con las que el patólogo hace informe citológico.

Durante años, la citología tiroidea presentaba problemas de confusión en la interpretación, debido a que los distintos centros e instituciones empleaban terminología variada, pero actualmente existe un consenso y se han uniformado las categorías diagnósticas en un estándar que se denomina Clasificación Bethesda.

Se han establecido seis niveles:

  1. No diagnóstica- Insatisfactoria. Las punciones que se incluyen en esta categoría se deben a problemas en la cantidad/calidad de las muestras que no son suficientes para diagnóstico. Debe repetirse.
  2. Benigno. Representa la mayoría (70 %) de todas las muestras. La probabilidad de que un nódulo informado como benigno no lo sea es muy baja.
  3. Atipía o lesión folicular de significado indeterminado. Cuando la muestra celular presenta atipía estructural o nuclear pero no hay indicios suficientes para clasificarlo como sospechoso de malignidad. Se debe repetir a los 3 meses y puede reclasificarse como categoría II o IV, aunque un 20-25 % continúan como categoría III.
  4. Neoplasia folicular/sospecha de neoplasia folicular. Se incluyen en esta categoría los casos en los que se observa una proliferación folicular que puede corresponder histológicamente a un carcinoma folicular. El riesgo de malignidad oscila entre el        15-30%.
  5. Sospecha de malignidad. Incluye datos citológicos altamente sospechosos, pero no concluyentes. El riesgo de malignidad es de 60-75%
  6. Maligno. Las características citológicas de malignidad son concluyentes (carcinoma papilar, medular o linfoma). El riesgo de malignidad es alrededor de 98%.

La clasificación del Sistema Bethesda para el estudio de lesiones tiroideas permite a los patólogos realizar informes sistematizados, unificados, homogéneos y ayuda al médico a seleccionar los/as pacientes que van a ser candidatos a tratamiento quirúrgico. Las categorías III, IV y V requieren cirugía para establecer el diagnóstico de certeza, aunque después no todos los nódulos van a ser malignos. Los nódulos categoría VI cómo se expresó son malignos en 98% y deben ser removidos quirúrgicamente.

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Preguntas frecuentes
¿Cuál es el tratamiento?

El tratamiento del cáncer de tiroides se basa en aspectos principales: cirugía, iodo radiactivo y terapia con hormona tiroidea…

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